No debemos caer en la generalización de pensar que las muertes por coronavirus en residencias son por tratarse de un sector precarizado, no hay que demonizarlo, porque el funcionamiento habitual de una residencia no tiene nada que ver con la gestión de una epidemia (las mascarillas, gafas, batas, calzas o test rápidos no se usan para nada en condiciones normales). Simplemente no sufríamos una pandemia de estas características en Europa, desde la gripe española de 1918. No se puede estar preparado para algo que no existe, recordemos que es un virus nuevo y que quizá la próxima pandemia tenga otras vías de transmisión y ataque prioritariamente a otros sectores de la población.
¿Qué sabemos del Coronavirus?
El coronavirus, por lo que sabemos:
1. Se propaga con el contacto directo e indirecto de la gente, acelerando con el número de contactos. A través de gotículas con mucha carga vírica desprendidas al hablar, toser o estornudar que:
- Se depositan en superficies y luego en las manos. Puede sobrevivir en muchas superficies entre 24 y 72 horas.
- Se depositan directamente en las manos y pasan a otras manos o a superficies.
- Flotando en el aire (las gotículas más pequeñas en espacios sin ventilación). Esta vía es la menos probable.
La vía de entrada de dichas gotículas en un nuevo organismo es a través de ojos, nariz y boca.
2. Una vez contraído, es muy dañino para personas mayores de 80 años y/o con patologías previas, ya que al no disponer de vacunas o tratamientos, lo único que enfrenta al virus es el sistema inmunológico de las personas, el cual se va deteriorando con la edad (inmunosenescencia).
3. Permite que entorno a un 30% de residentes y un 50% de personas contagiadas no presenten síntomas, por tanto no saben que están infectados, pero sí que transmiten la enfermedad.

¿Por qué causa tanto daño en los Centros Sociosanitarios?
Las razones que yo considero más relevantes para que sea tan dañino en residencias son:
1. EN UNA RESIDENCIA CONVIVE MUCHA GENTE: Para que una residencia preste todos los servicios y sea rentable (que es lo mismo que decir que sea asequible para los familiares -digamos… 1.500 €/mes-) debe tener una dimensión mínima que podríamos cifrar en 100 residentes, lo que nos lleva a unos 50 trabajadorxs (muchos más si se trata de una residencia pública y por tanto más costosa) . Esto supone una comunidad en la que interactúan diariamente 150 personas sin contar las numerosas visitas habituales → técnicxs de mantenimiento (ascensores, instalación eléctrica, instalación térmica, gas…), ambulancias y servicios de transporte público, repartidorxs (alimentación, limpieza, enseres…), familiares, inspecciones (Sanidad, Trabajo, Servicios Sociales, Salud, auditorías…). Salvo los residentes, trabajadorxs y visitas duermen en sus casas todos los días e interactúan con personas de fuera de la residencia que podrían estar contagiadas y ser asintomáticos y después van a ayudar a los residentes.
2. LOS RESIDENTES SON MUY MAYORES Y PRESENTAN UN GRAN DETERIORO: Generalmente no ingresan personas válidas que con una pequeña ayuda pueden vivir en sus casas o las de sus hijxs, sino personas muy dependientes, en muchos casos con gran deterioro físico y patologías varias, que hacen imposible su atención en casa. Su sistema inmunológico suele estar muy debilitado.
3. LAS RESIDENCIAS NO SON HOSPITALES NI DEBEN SERLO: Yo no querría pasar mis últimos años en un hospital, sino en un hogar, no quiero que simplemente atiendan mis necesidades físicas, dependencias y enfermedades (para eso ya están los hospitales y centros de salud a los que habré cotizado toda mi vida), quiero tener una vida, y esto ya está más que superado en los grandes grupos del sector.
Por tanto, simplemente las residencias no se diseñaron para resistir pandemias (porque no las ha habido en más de 100 años), y reúnen las condiciones para una rápida propagación y una población muy vulnerable.
Recordemos que el virus ha afectado a residencias tanto públicas como privadas, grandes y pequeñas y en todas las Comunidades Autónomas gobernadas por diferentes partidos políticos, por lo que no se trata de un problema de medios, instalaciones o modelo de gestión; simplemente cuando la población en la que se encuentra una residencia alcanza índices de contagio elevados, dado que el aislamiento total no es posible, aumentan mucho las probabilidades de que el virus termine entrando.
Se está viendo que el número de brotes en residencias es bajo en comparación con otros entornos como el familiar, social o laboral, y sin embargo, cuando estos brotes se producen en residencias, afectan a un mayor número de personas, dado que es una convivencia muy estrecha…

Cómo combatir el coronavirus en las residencias de mayores
¿Qué debemos cambiar para que no vuelva a suceder NUNCA MÁS?
Propongo algunas ideas para debatir.
1. Adaptar las instalaciones para que se puedan COMPARTIMENTAR en caso de epidemia de modo que la convivencia se reduzca en número de personas tanto residentes como trabajadorxs (como hemos hecho todos al quedarnos en casa).
2. Volcarnos en su AISLAMIENTO frente a virus DESDE EL PRIMER MOMENTO e incluyendo a lxs trabajadorxs, que pueden contagiar siendo asintomáticos. Igual que cerramos las fronteras tenemos que cerrar las residencias, lxs trabajadorxs no deberían tener contactos fuera de las mismas.
3. Dotarlas EXCEPCIONALMENTE (ya que no se requiere para su funcionamiento habitual) de los MEDIOS NECESARIOS para enfrentar una pandemia, es decir:
- TESTS continuados para sus trabajadorxs y residentes, que permitan segregar,
- EPI´s adecuados a la situación que dificulten los contagios en ambas direcciones,
- “RESIDENCIAS DE CAMPAÑA” o espacios adecuados con los que ampliar sus instalaciones para que puedan realizar aislamientos efectivos de los casos positivos en condiciones dignas y adecuadas.
- PERSONAL ADICIONAL, que no es necesario en condiciones habituales, pero que son imprescindibles con estas personas tan vulnerables en situaciones como las que vivimos (personal de enfermería adicional, personal de limpieza y desinfección adicional, capacidad de cubrir las bajas de trabajadorxs por positivos y que abandonan por miedo).
En definitiva, hemos dado por hecho que tenían que ser capaces de gestionar una situación excepcional, diferente a cualquier circunstancia que hubiesen vivido antes y que nadie podía prever, cuando la realidad es que han pedido ayuda a gritos y no han recibido toda la necesaria.







