La asistencia a las personas con cierto grado de dependencia abarca numerosos aspectos. Sí, una persona con movilidad reducida puede recibir ayuda para subir o bajar un escalón, por ejemplo. O, por poner otro ejemplo, una persona con problemas de memoria necesitará ayuda o terapia para que la enfermedad degenerativa no vaya a más.
Sin embargo, la dependencia también implica un punto clave, como son las emociones y sentimientos en torno a la situación que se vive. ¡Ojo! Es un proceso que afecta a todos. Por un lado, la persona dependiente, la cual se puede sentir poco válida al necesitar ayuda. Por el otro, la persona que ayuda, la cual puede frustrarse, ¡mucho más si la persona que lo hace es un familiar!
Precisamente, en este artículo, nos queremos centrar en la importancia de la gestión emocional de las personas con dependencia y de sus cuidadores. No en vano, es uno de los factores más importantes, puesto que es crucial para mantener una adecuada salud mental y, por ende, disfrutar de una buena calidad de vida, independientemente del grado de dependencia.
Por eso, en los centros sociosanitarios es fundamental saber gestionar las emociones de las personas dependientes, como en las residencias.
En Mecohisa, disponemos de diferentes cursos de interés, a este respecto, como este curso online sobre la inteligencia emocional y control del estrés.
Así, vamos a aprender a distinguir las emociones que puede sentir una persona dependiente y de todos aquellos que le rodean.
Las emociones de una persona dependiente
Además del problema físico o intelectual que puede sufrir una persona dependiente, las emociones juegan un papel fundamental. Es muy probable que, ante la incapacidad de ser 100% independiente, tenga sentimientos y emociones claramente negativos.
Así, una persona dependiente suele tener emociones vinculadas a la incertidumbre, debido básicamente a la falta de seguridad y confianza que tiene. Por lo tanto, el desconcierto o el miedo son algunas de estas emociones que se hacen más patentes.
De la misma manera, la incomprensión y falta de autonomía genera emociones tan negativas como la apatía, la soledad o incluso la irritabilidad.
Por desgracia, cuando la persona que cuida es, a su vez, familiar, suelen tener emociones muy similares. Comparten la soledad y abandono, en este caso debido a semejante carga de trabajo. El miedo y la incertidumbre también pueden ser emociones de los cuidadores en la familia, por lo que mantener una mentalidad positiva, ante esta situación, se hace más cuesta arriba, si cabe.
Mejorar las emociones de la persona dependiente
Las emociones de las personas dependientes se vinculan con patologías relativas a la salud mental como la depresión, por lo que es de vital importancia saber interpretar todas estas señales y fortalecer, con inteligencia emocional, aquellos pensamientos más positivos.
Tal y como vimos en este post sobre las claves para mejorar la vida de una persona dependiente, los cuidadores deben de contar con una formación y experiencia importante, puesto que también soportan una gran presión en sus tareas. Además, hay una serie de aspectos que pueden ayudar a que mejore la situación emocional de estas personas.
Estado de Ánimo del cuidador cercano
Lo más importante para que un familiar o persona cercana a la persona dependiente pueda prestar una ayuda adecuada, es que el cuidador se cuide a sí mismo en primer lugar.
Si el cuidador está deprimido y extenuado porque dedica muchas horas a su familiar dependiente y no tiene tiempo para dedicarse a sí mismo, a sus hobbies, a descansar, a sus amigos, a cambiar de aires o incluso a su trabajo, transmitirá esos sentimientos negativos a la persona a la que cuida, que a su vez también tendrá sentimientos negativos y el proceso se retroalimentará.
Por ello es indispensable que se limiten los horarios de cuidado (no al dependiente sino al cuidador), que se compartan las tareas de cuidado entre varias personas, que se reserven vacaciones y días libres. En definitiva, se busca que el cuidador pueda aportar tiempo de calidad, lo que redundará en un mejor estado emocional de la persona dependiente.
Identificar las Emociones
Parece de perogrullo, pero no es ni mucho menos algo fácil. Antes de saber cómo modificar ciertas emociones, lo mejor es poder identificarlas, tanto por parte del cuidador, como de la persona dependiente. Para ello, se necesitará de una buena dosis de inteligencia emocional, como podrás imaginar y que puedes mejorar mediante el curso que ya te hemos comentado de “Inteligencia Emocional y Control del Estrés”.
Confianza en el Cuidador
Como hemos podido comprobar, una de las emociones más repetidas es la desconfianza. Cuando el cuidador es familiar, la confianza de la persona dependiente se da por sentado, como es lógico. Si hablamos de un cuidador “profesional”, se tiene que ganar esa confianza.
Escucha Activa
Es, sin lugar a dudas, la mejor manera para generar confianza y que una persona dependiente deje de sentirse sola. Tan simple como saber escuchar y qué es lo que piensa, además de interactuar con la persona, en todo momento.
Autonomía del Dependiente
Aunque cueste, lleve más tiempo y necesite de grandes dosis de paciencia, hay que fomentar que la persona dependiente haga, por sí misma, todo lo que pueda. El hecho de disponer de ciertas limitaciones no significa que no pueda hacer nada. El cuidador tiene que ser consciente y procurar que haga todo lo que pueda.
De lo contrario, lo que podemos conseguir es ir aumentando paulatinamente su dependencia y por tanto todos los aspectos negativos que conlleva. Así que, ayudar en exceso también es negativo.
Desarrollo de Habilidades Sociales
La interacción con otras personas es fundamental. Por eso, el papel en los centros sociosanitarios es muy relevante, con actividades que están centradas en la interacción con otras personas que tienen situaciones similares, ayudando a reforzar sus emociones y a sentir empatía.
En este sentido, a su ingreso en el centro, es imprescindible una minuciosa entrevista con la persona usuaria y/o sus familiares, con la finalidad de conocer su historia de vida, intereses y aficiones. Ello permitirá integrarlo en aquella unidad de convivencia con cuyos usuarios puedan compartir gustos y actividades de su agrado, facilitando su integración y sociabilidad.
Por otra parte, debemos procurar que mantenga las relaciones sociales que tenía antes de ingresar en el centro sociosanitario, con la familia, con los vecinos y amigos. Para ello, la colaboración de los familiares con el centro sociosanitario es imprescindible, mediante visitas, salidas a comer (o de fin de semana) con la familia y amigos, celebraciones en familia, etc.
Como puedes ver, hay diferentes aspectos que se pueden trabajar para mejorar las emociones de las personas dependientes. Gracias a este tipo de actuaciones, podremos conseguir que el bienestar de la persona dependiente, así como su calidad de vida, sea mucho mejor.







